Llevamos siete jornadas y en las entrañas de la clasificación hay dos gallitos que huelen a azufre, con sus respectivos responsables técnicos viendo las barbas del vecino rasurar, o sea que o espabilan o que las pongan a remojar.
El Txingurri y Abel están como un funambulista intentado cruzar las Torres Gemelas, momentos antes de la inmolación de Mohammed Atta.
El equipo de las rayas y de “buscadme una delantera mejor que el Kun y el Cacha” (según la prensa rosa capitalina), va a la deriva, sobre todo cuando Diego F. no ve puerta, o no juega. Si su defensa ya era el año pasado calamitosa, este año ha ido a peor, con el agravio de tener un centro del campo que el año pasado en Ses Illes (y dirigido por uno de los cientos de inmolados en las brasas del Calderón, Manzano) llevó a un equipo nuevo y descompuesto en agosto a lograr la permanencia en primera sin excesivas dificultades. Quizás ese sea el problema, es un centro del campo para mantenerse.
La cuestión es si el de las palomitas y el Talytal jr. tendrán la sangre fría y evitar la tentación de engrasar la guillotina. No veo excesivo futuro en el pobre Abel, la quijada de Cerezo merodea su nuca.
Lo extraño es lo del Txingurri, con una pretemporada bien, han comenzado a naufragar comenzada la liga, no han conseguido ni una víctoria, cosa que el debutante Xerez sí que ha hecho, a su costa, y que parecía que llegaría más tarde.
Con jugadores talentosos, la falta de acierto cara a puerta es preocupante, a pesar de tener TNT de sobra para abrir grietas en la meta contraria.
Puede que sea más afortunado que Abel, que Llaneza y Roig le den margen y acabe por reconducir al equipo, pero como no se aleje pronto de la iluminación de los lupanares, va a tener los lunes al sol, del Caribe, eso sí, por que su liquidación no es de 33 días por año trabajado.

