Supongo que los recuerdos de la infancia, ese momento de la vida que tantas veces añoramos, me ha llevado a ver que el fútbol de verano ya no es lo que era.
Es el fútbol que se inventó entre los sesenta y los setenta, para que el pueblo tuviese esa pequeña dosis de balompié que se interrumpe llegado el mes de junio.
Era un fútbol escaparate, dóblemente escaparate. Por un lado servía para ver las novedades en la plantilla, intentar esperanzarte, ilusionarte, esperando una temporada mejor que la anterior. Por el otro, equipos, en su mayoría procedentes del hemisferio sur, venían a ver a quien podían colocar en las ligas europeas, tras ir de torneo en torneo.
Pero todo eso quedó atrás. Ahora, con el comienzo de la temporada, con trofeos absurdos, a mitad de agosto, con partidos de selecciones, con ligas que comienzan estos días, todo eso se ha esfumado.
Los trofeos Teresa Herrera, el Colombino, el Carranza, el Naranja, el Gamper, el Ciudad de Barcelona, el Bernabeu… se encajan dentro de una pretemporada diseñada para hacer caja.
Este año ya ha sido ridículo. Manchester City, Rosenborg a cambio de un Milan lamentable, Arsenal, Betis, Zaragoza, Atlético de Madrid… son los nombres que han rellenado esos carteles, que tiempo atrás emocionaban al aficionado ávido de su monodosis preliguera.
Esto empezó a morirse el día en que trofeos con semifinales acabaron en el triste 3 por 1 y al final siendo partido único.
Para esto que hagan un concurso de Miss Camiseta Mojada, que será mucho más productivo y entretenido.

¿Volverá el fútbol de verano?
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