Escuchando a insignes comunicadores de la prensa rosa deportiva, básicamente cavernarios del Imperio Unidad Editorial e Intereconomía, ves que exponen argumentos contradictorios según el espacio geográfico.
Los ejemplos paradigmáticos son la organización de la Copa del Rey y el Balón de Oro.
En el primer caso, la tan denostada Copa, denostada por la Caverna, ya que hace siglos que el equipo de Franco y Aznar no la ganan, objeto de una crítica feroz por el sistema de eliminatoria con partidos de ida y vuelta en el que despotrican diciendo que beneficia a los grandes y que le resta emoción, puesto que limita la posibilidad del equipo menor. A esta “aberración” replican con la necesidad de eliminatorias a un partido para dotar a la copa de emoción y aligerar el calendario deportivo (si hubiese 18 ó 16 equipos en primera no habría tantos problemas). Pero cuando esto se ha dado y el resultado han sido finales con equipos como Celta, Mallorca, Recreativo, Valladolid, Osasuna… lo primero que han hecho ha sido escandalizarse, como se puede permitir tal aberración.
Este argumento es doblemente perverso, por que si las mismas eminencias trasladan el argumento de la posibilidad de sorpresa a la gran competición europea, la Liga de Campeones, entonces se tornan iracundos cuando en el fase de grupos aparecen equipos de Moldavia, Ucrania, Eslovenia, Eslovaquia, Croacia… Al trascender la dimensión de la Una, Grande y Libre, el anterior argumento desaparece como los dólares en el corralito argentino. Entonces el sistema de competición es triste, lastimoso, excesivo y recaudatorio. No hay oportunidad para el pequeño, es una competición para el Excelso equipo de la caverna y una selección de escogidos, a los cuales consideran como semidignos de enfrentarse a éste, puesto que dicha competición les pertenece en propiedad exclusiva.
Lo de la pantomima del Balón de Oro, pantomima el premio en sí, ya roza la paronoia. Creo que, como individuos supuestamente letrados (han tenido que ir al colegio, instituto y universidad), lo primero que deberían hacer es leerse como funciona el timo ese y saber que la cosa es como es que todos los votos son iguales y la gente vota por gusto, de lo contrario existirían unos baremos de puntuación y en un par de horas todo el mundo conocería el ganador.
Dicho esto, vamos al fondo del asunto. En la caverna ha primado lo blanco antes que lo rojo, bueno son muy azul popular, pero eso es otro tema. Antes del Mundial vendían a Sneijder como número uno por dos motivos: había sido blanco e iba contra el anticristo blaugrana. Con el Mundial, sin perder al repudiado para hacer caja holandés, entró en el púlpito el yerno perfecto de España.
Cuando el desencanto de la nominación del triplete blaugrana inundó las redacciones de la Caverna, se agarraron al clavo ardiento, ese que tanto le gusta a Roncerdo o Ron5cero, Iniesta, en tanto que es lo más español que había (indiscutible en su clase, talento y calidad, pero con una temporada en la que estuvo casi inédito, salvo por el buen mundial que realizó, nivel que mantuvo hasta final de año), dado que Xavi es de ese país del que habló Guardiola el día del espectáculo de Pamplona. El resultado final fue que el mejor del mundo fue el que recibió el galardón, a pesar de su discreto mundial, bueno más de la Argentina de D1os. Desde ese momento Messi se ha convertido en la Pérfida Albión de la Caverna, una suerte de Francis Drake de los rectángulos de césped, que con nocturnidad y alevosía hurtó el trofeo en cuestión.
Momentos antes, en el mismo akelarre televisivo con cierto tufillo hollywoodiano, se premiaba al mejor entrenador del año. En la terna en cuestión se hallaban el campeón del mundo, Mr. Potato; el traductor y martillo de herejes portugués, Mourinho y el filosof’eau de cologne, sublimador del rondo cruyffista, Guardiola, el hexagonista.
Al final, el ganador fue el traductor, que acumuló méritos de sobra, tomó el relevo triplista de Guardiola, que la final le han hecho merecedor del premio. Una vez sucedido esto, la reacción de la caverna blanca ha sido tibia, por no decir gélida. El presente blanco pesa más que el pasado blanco y el presente rojo. De tintes blaugranas, ni asomo. La frustración que supuso el hurto del genio de Rosario, no ha tenido su paralelo en este premio. La sublimación que se hacía de la Copa del Mundo, no aparece, quizás de soslayo sobre las palabras vertidas por la caverna blanca en el caso de los entrenadores.
Hay un iluminado que ha dicho que Messi se ha ganado el “menosprecio” de las aficiones rivales por su hurto, pero del hurto del traductor no ha dicho ni mú, claro que a éste no le hacía falta del hurto para tener grandes muestras de cariño por parte de las gradas de los campos rivales.
Al final todo se resume en el dicho extrarradial, dame crack y llámame puta. Que los que ganaron una copa de las que la caverna decía que estaba infravalorada, lo celebraron por todo lo alto y siempre serán campeones. Que Messi le hubiese cambiado los dos balones de oro, la medalla olímpica y su pierna izquierda a Xavi o Iniesta por tener en sus manos esa horrible copa sucesora de la Copa Jules Rimet.
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