Ha regresado el Barça, con nuevos bríos, cerrándonos la boca a muchos de los que barruntábamos el fracaso al caer el equipo en manos del Noi de Santpudor. Pero, de momento, va tapando boquitas, siempre habrá alguno que se queje de que el fisio tarda mucho en llegar a atender al jugador objeto de una entrada de uno de los millones de leñeros que campan por los céspedes peninsulares.
Así, como ha regresado el buen juego y la ilusión, la esperanza se vislumbra en el horizonte. Motivos racionales para ella, ninguno. Pero, ha regresado el Maestro, y ha regresado por casualidad, pensando que esto no era más que el pútrido cadáver de un chivato flotando a las orillas del lago Míchigan, y para su sorpresa, y para la de todos, aún le quedaba un pequeño aliento de vida, un ligero latido que, bajo el tratamiento y la atención adecuada, puede hacer albergar una brizna de esperanza.
Porqué no hay motivos racionales. Los pronósticos, el del Maestro pidiendo que ganen Mallorca y Osasuna; y la aún más desquiciante aportación, semanal y simbólica que realiza un servidor de ustedes, 1-2 en el Coliseum.
Ese instante, esa imagen…







